A man speaking to a group of seated adults in a classroom during a parent meeting

La verdad es que ser profesor de cursos para admisión a preparatoria y universidad ha sido toda una experiencia para mí. Cada año llegan estudiantes con nervios, dudas y hasta miedo por no saber si van a lograr entrar. Y yo me veo reflejado en ellos, porque alguna vez también estuve en esa situación.

Con el paso del tiempo, he acumulado 20 años de experiencia dando clases, y todo ese aprendizaje lo aplico directamente en la estructuración de mis cursos. Gracias a eso, he podido mejorar la forma en que explico los temas, organizo los contenidos y apoyo a cada estudiante según sus necesidades.

Cuando empiezo un curso, me gusta hablarles de forma sencilla, sin hacer todo tan complicado. Sobre todo en materias como matemáticas y física, que muchos consideran difíciles desde secundaria. Siempre les digo que no es que sean “malos” para estas materias, sino que a veces nadie se las explica de la manera correcta.

En mis clases de matemáticas, por ejemplo, trato de ir paso a paso. Desde lo básico, como operaciones y ecuaciones, hasta temas más avanzados de preparatoria. Me gusta poner ejemplos de la vida diaria para que vean que todo tiene sentido. En física hago algo parecido: explicó conceptos como fuerza, movimiento o energía con situaciones que ellos puedan imaginar fácilmente.

Además, todas mis clases son completamente en línea, lo cual ha sido una gran ventaja para muchos estudiantes. Pueden tomarlas en el momento en que se están impartiendo, de forma sincrónica, o también verlas después cuando lo necesiten, de manera asincrónica. Esto es especialmente útil para alumnos que trabajan o que tienen otras actividades después de la escuela, ya que pueden organizar su tiempo y avanzar a su propio ritmo.

En cuanto a la organización de los cursos, procuro que sean accesibles y bien estructurados. Los cursos de preparación para la universidad tienen una duración de nueve horas a la semana, con horarios tanto en turno matutino como vespertino, y trabajo con grupos pequeños de máximo cinco personas, lo que me permite dar una atención más personalizada.

Por otro lado, los cursos de preparación para la preparatoria son de seis horas por semana, también con horarios matutinos y vespertinos, y con grupos igualmente reducidos de hasta cinco alumnos. Antes de comenzar cualquier curso, realizó a cada estudiante un examen diagnóstico, además de evaluar sus estilos de aprendizaje y aplicar una prueba psicométrica. Esto me ayuda a entender mejor sus necesidades y adaptar la enseñanza para que realmente funcione.

Lo que más disfruto es ver cómo poco a poco van entendiendo. Al principio llegan inseguros, pero con la práctica empiezan a resolver problemas por sí solos. Cuando se dan cuenta de que sí pueden, su actitud cambia completamente.

En los cursos de admisión también trabajamos mucho con ejercicios tipo examen. 

Les enseño estrategias, cómo administrar su tiempo y cómo no ponerse nerviosos. Porque no solo se trata de saber, sino de saber aplicar lo que aprendieron en el momento correcto.

Al final, más que solo dar clases, siento que acompañó a los estudiantes en una etapa importante de su vida. Y cuando me cuentan que lograron entrar a la preparatoria o a la universidad que querían, la satisfacción es enorme. Es ahí cuando confirmó que todo el esfuerzo, tanto de ellos como mío, realmente vale la pena.

Profesor: Marco Antonio Rosas Gutiérrez.

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